Choque generacional
La mayor parte de la gente que conozco se quiere jubilar. Los otros son niños o están jubilados. Hablo con dos personas de 30 años recién cumplidos. Acaban de conseguir un contrato decente. Les da igual. “Me obligan a ir a la oficina tres días. No quiero ir a la oficina tres días. En realidad, quiero jubilarme” me dice una. “Yo no quiero hacer nada, irme al monte”, la otra. Creo que es la sensación de que nada tiene sentido. No creen en el futuro. A mí me cuesta.
Veo las noticias sobre ICE y tiemblo. El mundo me parece cada vez más amenazante. Si no me mata el cambio climático, lo hará la mutación de una bacteria resistente a los antibióticos, o una panda de zumbados que creen que el problema del mundo son los derechos LGTBI, las feministas, y los ecologistas que te van prohibir el coche y van a dar tu casa de la playa a una familia migrante para que no puedas alquilarla ¿Ah! Que tú no tienes coche ni casa en la playa. Y que tampoco te puedes ir de vacaciones...
“Me toca crecer y hacerme mayor en el reducidísimo margen que nos han querido dejar, unas sobras que apestan pero que me tengo que tirar a la cara quiera o no, y encima tengo que aguantar una chapa sobre por qué la gente de mi edad ya no quiere tener hijos? Lo que me faltaba”.
Es un fragmento de Supersaurio, de Meryem El Mehdati, que es mucho más joven que yo pero con la que comparto algunas cosas importantes en la vida como la afición por las palmeras de chocolate.
“Muy de vez en cuando un sentimiento de paz me aprieta el pecho y paso las siguientes dos horas tranquila conmigo misma, pero suele coincidir, me he dado cuenta, con los pocos días que me aprieto una palmera XL de chocolate a escondidas. Treinta y tres terrones de azúcar, todos para mi body, sinazucar.org que reviente”.
La novela cuenta la historia de una becaria que entra en unos supermercados canarios y se enfrenta al mundo corporativo y al contraste entre generaciones en el trabajo.
“En estas oficinas centrales de Supersaurio Supermercados S.L trabajan varias personas que creen que algún día heredarán la empresa. Las hay de todos los tipos: altas, bajas, gordas, delgadas, rubias, morenas, blancas, negras. Rapadas y calvas, incluso calvos. ¡No tengo nada en contra de los calvos, no me dan miedo! Tenemos una lista de nacionalidades de la que el departamento de Recursos Humanos presume a la menor ocasión, como si jugase a Pokémon Go con cada contratación y su objetivo fuera hacerse con todos”.
Entiendo que la gente de 30 años no crea en el trabajo porque no cree en el futuro. ¿Para qué? Si vamos a morir todos. Y si no morimos, ¿cómo van a hacer para vivir con sueldos de mierda, casas caras y condiciones penosas? Aunque claro, no solo ellos.
“A pesar de esto ambos bandos tienen mucho en común, he observado. Los dos hacen horas extra que no se les pagan, aceptan tareas que no les corresponde hacer y estiran sus paciencias hasta el infinito en pos de un reconocimiento que nunca llega. Terminan quemados y marchitándose antes de tiempo. La gran diferencia es que los primeros ya tienen la hipoteca, los niños y el coche y cobran más de dos mil euros brutos al mes. Los otros...no”.
Hay una corriente crítica que responsabiliza a los boomers de la situación en la que estamos. He leído también “La vida cañón”, de Analía Plaza, a la que sigo en su newsletter La vallecana, compartimos barrio y algunas ideas a pesar de que se ha saltado mi generación en libro. El ensayo analiza cómo los boomers vivieron un momento social y político que les permitió construir su vida mientras que los Millennial y Zeta están abocados a la precariedad si no reciben un piso en herencia.
“En términos materiales, la vida de los hijos de los boomers vaya a ser más pobre que la suya (justo lo contrario a lo que ellos vivieron). Pese a todo, y como veremos en los siguientes capítulos, la mayoría de los boomers mantienen fuertes convicciones sobre lo mucho que se esforzaron y lucharon para conseguir lo que tienen y lo poco que hacemos los demás”.
El libro se salta la Generación X. Somos los don nadie de los ensayos, pero hemos vivido en esa horquilla. Estamos aquí con nuestras mierdas también. Empezamos a trabajar cuando todo iba ya de bajada. Mi primer contrato decente fue en 2007. Al año siguiente despidieron a más de 200 personas en mi trabajo. Los primeros amigos que compraron casa lo hicieron justo antes de la crisis del ladrillo. Muchos pagaron cifras altísimas y se quedaron pillados con hipotecas mucho más caras que el valor del piso (porque los pisos bajaron aunque digan que nunca bajan). Han sobrevivido estos años y ahora tampoco pueden optar a nada mejor porque todo está caro también para ellos. Los que esperaron tienen el mismo problema que las siguientes generaciones: la vivienda es un lujo. Mi duda es si enfocar todo desde un problema generacional no quita el foco de dónde tenemos que ponerlo, que es el sistema. Aunque igual lo que pasa es que yo ya soy una señora mayor que no se atreve a compartir un vídeo porque me creo que todo es falso. Oigo a Ayuso, a Trump y veo bailar a Victoria Beckham y todo me parece IA. Pero resulta que no, que algunas cosas son reales.
Amaya Ascunce
P.D. Esto de Meryem El Mehdati: “No soy una persona tranquila, un mar en calma, un río que fluye. Hay cierta rabia en mí. Cierto enfado, Por favor, que nadie se preocupe. Todo va bien. Mírame. Mira cómo sonrío. Tuve una infancia sana y feliz, ningún tipo de trauma, nada que me marcase de forma especial (…) Al principio cuesta admitir que una está enfadada, a la gente no le gusta, intentan consolarte o escucharte o yo qué sé. No es una emoción buena, una emoción sana. Has de guardártelo, esconderlo, fingir que no está ahí, que no existe. Rabiosa, desquiciada, bruta, ciega, sordo- muda. Pasa un poco como con la honestidad: todo el mundo te la pide, están desesperados por ella, esa cosa tan pura. La Verdad. Luego a nadie le gusta el regusto que deja en la boca. Háblame de tus emociones, pero no así. Una ha de ser amable siempre, sobre todo si es una chica. El coraje ahí negro bombeando en tu pecho pum pum pum no es sexy.”
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2025 fue duro y confiaba en 2026… ahora mismo estoy a punto de rendirme o de vencer la inercia, según como se mire, y mandarlo todo a la mierda.
Soy de la X. Viví lo que describes del crack inmobiliario. Además de las crisis del 2008 y 2013, muy duras en el aspecto laboral. Pero lo peor es que la continua crudeza económica, social y política ha derivado en esa rabia, más o menos contenida, que nos asola..Reconozco que veo el futuro oscuro, pero mientras tanto trato de encontrar refugio en pequeñas comunidades como la tuya, Amaya.