Vivir en lo extraordinario

Es un tipo raro. Debe tener unos 50. Rubio canoso. Bajito y delgado.
Le llamamos Mark porque pone canciones de los Dire Straits todo el rato. Tiene un chiringuito en la playa y nunca sabes cuándo va a abrir. Tampoco sabes qué vas a tomar porque a veces tiene helados otras no. El vino cambia según se acaban las botellas. Solo la cerveza de barril se repite. Pero a veces no tiene gas. Y los Dire Straits, eso sí que se repite. Pocas canciones además. Si nos dura el vino lo suficiente, puede que oigamos dos veces Romeo and Juliet. Ni siquiera tiene una lista de reproducción. Son directos de YouTube y tiene que parar lo que sea que esté haciendo cuando está terminando una canción para enganchar con la siguiente. Estuve tentada de explicarle cómo crear una playlist pero es el tipo más seco detrás de una barra que he visto  nunca. El segundo año que vinimos me hice la simpatica, sin ser yo nada de eso, y le dije que nuestras vacaciones anteriores sonaban en mi recuerdo a Romeo y Juliet gracias a él, que nos había puesto la BSO a unos días muy felices. Se fue a pinchar otra canción antes de que terminará la que sonaba con la misma cara que pongo yo cuando alguien me habla de lo fácil que es cocinar un besugo.

Siempre está haciendo algo y el chiringuito siempre está vacío. Alguna rara vez hemos coincidido con otra mesa. Nosotros solo vamos a imaginar su vida, tomar algo es lo de menos. Cómo alguien que cumple el sueño de tanta gente de tener un chiringuito en la playa puede tener una cara tan triste, cómo se puede estar tan enfadado mirando al mar.  El primer año pensamos que igual era que el negocio le iba mal. Pero allí seguía varios veranos después. Con esa cara.
Busqué los comentarios de Google.  Se mueven entre el tipo más rancio de la historia, los horarios no responden a ninguna lógica ni uso horario y buenos cócteles. Yo le pedí un margarita pero no le quedaba tequila.
Hemos vuelto este año. Vamos menos porque con M. no puedes jugar a hoy tengo helado hoy no. O a solo me queda el de cucurucho blanco. Es intolerable con este tema M. Para tener 2 años tiene mucho criterio respecto a los helados.

Pero ahí sigue él cada vez que pasamos. Que si empalma cables. Que si aprieta tornillos... igual el tipo anda en una batalla contra el viento el agua y la arena que le tienen frito. Yo creo que debe pensar que su curro es conseguir que El chiringuito aguante en pie. Lo de atender a la gente es secundario. Si puede, lo hace.
No te da conversación. No te da casi de beber. Y nunca pone aceitunas ni patatas. Lo que daría por saber qué hace los martes de noviembre o en mitad de marzo cuando esto esté desolado. Igual es feliz entonces. Apretando tuercas y asegurando los cristales con bien de silicona. Y sin nadie que le toque los cojones.

Igual dejó un curro de manitas en una gran ciudad, por ejemplo en Barcelona, y montó este chiringuito, el sueño de su vida: poner copas mirando al mar, en un paraíso poco concurrido y con la música que él quisiera. Una de esas cosas que se dicen borracho: si tengo un bar solo pienso poner los Dire Straits y a servir el vino que me quiera beber yo. Este tipo lo ha cumplido. Pero parece como si fuera completamente infeliz, como si echara de menos apuntalar estructuras. Asusta un poco pensar en que se te cumplen los sueños pero te habías equivocado al pedir el deseo. O quizás parezca más infeliz a nuestro lado que comemos helado por la mañana y por la tarde y miramos el mar, leemos con los pies metidos en la piscina, escuchamos música, nadamos, montamos en bici y alimentamos a todos los gatos de los vecinos.

Los días en los que parece que va a insultarnos suena Shape of my Heart de Sting

P.D. Algunos de estos los recomendé en el directo con Cristina Mitre pero si buscáis algo para leer con los pies en la piscina, puede que os sirvan.

Y las cucharillas eran de Woolworths de Barbara Comyns. “Cásate rápido, arrepiéntete despacio". Una novela sobre cómo casarse con un imbécil que mezcla ingenuidad, humor y algo de drama. Una rareza muy entretenida.

La tienda de la felicidad de Rodrigo Muñoz Avia. Lo recomendé también en ELLE. Si os gustan los personajes peculiares, el humor y los mails, os va a entretener mucho. Cero drama.

El baile de las locas de Victoria Mas. Igual si no fuera verano, este no lo recomendaría. Es muy ligero a pesar de que el tema podría tener mucha profundidad. Trata sobre las mujeres que eran ingresadas en un psiquiátrico en París muchas veces solo por hacer cosas fuera de la norma. Engancha, es muy ligero y lo hemos disfrutado en Otro Club de lectura a pesar de que nos ha parecido un poco naif. O igual por eso es perfecto para verano.

P.D.2 Estas líneas están escritas con el móvil. Puede que la edición sea aún peor que la habitual. Pero no he traído ordenador. Yo. No he traído ordenador. Ni tableta. Extraordinario.