Prometí verdad

“En la vida real puedes limitarte a vivir tu vida y resultar visible para unas cuentas personas. Pero en Internet no puedes simplemente ir por ahí para resultar visible: para que te vean, tienes que actuar”. Jia Tolentino en Falso Espejo.

Allá vamos.

Verdad: Casi no mando la primera carta.

Lo comenté en un par de círculos y la recepción fue desastrosa. “Estando Instagram para qué”, “todo el mundo tiene una newsletter ahora”, “yo las recibo en spam y ahí mueren”, “tú lo que tienes que hacer es…”.  Dos años con el runrún en la cabeza, me lanzo, si tardar dos años puede ser lanzarse, y todo son opiniones negativas.  No hay nada peor que buscar algo de seguridad en el otro y que ante la pregunta “¿crees que he engordado?” el otro conteste: “Un poco, pero yo te quiero igual”. Será imbécil el otro…

Verdad: Me siento incómoda en Instagram. Es un lugar árido para mí porque no consigo ser yo. Creo que es porque quiero encajar. En Twitter me importa mucho menos, es como gritar en mitad de un concierto. A saber quién oye qué. No sé qué tiene Instagram que me pide likes.

Jia Tolentino en Falso espejo dice que en las redes: “Mostramos un comportamiento propio de las ratas de laboratorio exigiendo un premio tal como harían estas si se las colocase ante un dispensador de comida de carácter aleatorio. Las ratas finalmente dejarían de apretar el botón si su aparato dispensase comida con regularidad o dejase de hacerlo. Pero si las recompensar son impredecibles e irregulares, las ratas nunca dejarán de apretar el botón. Dicho de otro modo, resulta esencial que las redes sociales sean sobre todo insatisfactorias. Eso es lo que lleva a que sigamos adelante pasando páginas, apretando el botón una y otra vez con la esperanza de obtener una sensación fugaz: un momentáneo fogonazo de reconocimiento, halagos o rabia”. Jia sabe mucho.

Ayer escuché a la escritora Tamara Tenembaun en la radio que tenemos un problema con el personaje que nos creamos en las redes porque nos los estamos creyendo. Sentimos que tenemos que dar explicaciones: hace mucho que no publico, debería postear más.  Antes solo los famosos tenían un personaje, y ahora tenemos todos una plataforma para mostrar el que hemos inventado para nosotros. A veces nos creemos eso que mostramos en Instagram como si personaje y persona fueran la misma cosa. Lo mismo me pasa la vida. No soy mi trabajo, ni lo que leo, ni a lo que doy like, ni lo que opino… A veces uno tiene que repetirse eso. Muchas veces.

Verdad: Me he pasado muchos días pensando qué quiere leer la gente, ese público abstracto que todo el mundo que escribe imagina al otro lado. Ya sean cinco o cinco mil. He pensado cómo podría evolucionar estos textos en otra cosa: un libro, un podcast, una suscripción cerrada… Resulta que me pongo a escribir esta newsletter por el placer de recuperar mi libertad total escribiendo y ya ando poniendo límites, tiempos, periodicidades, objetivos, formatos…

Verdad: ¿Por qué escribo si no me gusta exponerme? El problema no es la exposición. Firmar un texto, ponerle el nombre. Eso lo hacemos a diario en el periodismo. Pero hablan otros. Son sus historias.

El problema es la dichosa vulnerabilidad. Una cosa es escribir, contar, emocionar, y otra mostrar la debilidad, la duda, el miedo, la necesidad de hacerlo bien, de llegar algún lado, de tener la constancia, de no caer en temas trillados como la vulnerabilidad, de enviar aunque sea tres newsletters. La jodida vulnerabilidad, siempre. Qué nos pasa, por qué nos escondemos. ¿Nos protegemos? De qué, ¿del juicio? ¿de poner en las manos de alguien eso que somos y que pueda dañarlo? ¿Por qué preguntamos si hemos engordado cuando no queremos saber la respuesta?


Para leer

Falso Espejo. Reflexiones sobre el autoengaño de Jia Tolentino.  El capítulo sobre “El yo en internet” es muy interesante. Pero también toca otros temas como la exposición pública o la necesidad que tenemos optimizar nuestro físico.

El fin del amor: amar y follar en el siglo XXI, de Tamara Tenembaun. Creció en una comunidad judía ortodoxa y habla de las relaciones como si se hubiera enfrentado a ellas en otro idioma, desde otro país o, en realidad, desde otro planeta. Un tratado feminista sobre el amor y la monogamia con un punto de vista curioso.


Para ver

Brene Brown The power of vulnerability. Está a punto de llegar a los 15 millones de visualizaciones solo en Youtube.


Perfume:

Not a perfume, de la marca Juliette has a gun: una sola nota, cetalox. El 35% de la gente no puede olerlo. Huele limpio, un poco a detergente y a piel recién duchada. No sé porqué pero la vulnerabilidad me huele a limpio.


Ejercicio de vulnerabilidad:

La autobiografía de Jeannette Winterson ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?

Esa es la frase que su madre le dice justo después de confesarle que se va de casa y que se ha enamorado de una mujer. Hija adoptiva de dos religiosos apocalípticos, Jeannette se abre en canal en este libro que es su vida: su búsqueda del amor, su viaje a la locura, su ira... Todo contando sin endulzar. “El demonio nos guio a la cuna equivocada”, le decía su madre cuando se enfadaba con ella. Un libro que es un ejercicio de sinceridad y también de supervivencia. Jeannette lo pone ahí encima, todo, para que la gente haga lo que quiera con ello: juzgar, aprender, olvidarla… Lo mismo le da. Eso quiero para mí (la madre malvada no, lo otro).

PD. Prometí verdad. Habrá al menos tres newsletters. Las que escribí antes de atreverme a mandar la primera. Lo voy a intentar cada 15 días. Y serán un batiburrillo de lo que lo leo, escribo, oigo y huelo. O igual no. Ya veremos.

“En Internet, una persona altamente funcional es aquella que puede prometerlo todo a un público que crece de manera indefinida en todo momento”. Jia. ¡Ay!, Jia.