La nota perdida
Hace años que busco una nota de mi padre que metí en un libro. Es una de las pocas cosas que he perdido en mi vida: esa nota en la que solo ponía nueve palabras: “Que la vida te trate así siempre. Tu padre”.
La guardé en algún libro y olvidé el libro. Estoy casi segura de que se debió quedar en una vida pasada, en alguna de las casas que viví en Madrid de alquiler. Igual presté un libro que no volvió, y dentro estaba esa nota. Supe, el día que me la puso en el plato, que era una nota importante. Tanto como para guardarla años. Tanto como para mudarme con esa nota a otra ciudad. Para meterla en un libro que estoy segura de que tendría un significado para mí. Y, sin embargo, la perdí. Hubo un periodo de tiempo en que la olvidé. La di por hecho y se cayó por alguna grieta de mi memoria y de todos esos objetos que arrastro como mi espacio seguro. Cuando no sabía que mi padre iba a morir demasiado pronto.
He abierto todos los libros que arrastré de una casa en Madrid a otra buscando la nota. He analizado todas mis conexiones mentales por las que yo metería esa nota en un libro concreto. He buscado, por supuesto, en los libros que me regaló mi padre. He buscado en nuestros libros preferidos. He buscado en sus libros preferidos. Nada. Hubo versiones posteriores de aquella primera nota (aquí una de ellas). Y esa segunda la tengo enmarcada en mi salón. Pero la primera se perdió. La nota me la dejó un día que llegué a casa de la universidad, y mi madre (que también practicaba la afición por dejar notas) me había dejado una al entrar. Tienes la comida en la cocina con el menú escrito. “El gazpacho está en la nevera y el pollo para calentar en el microondas”. Luego dentro del microondas otra nota encima de un plato: “Pollo”. Y al abrir la nevera en una jarra: “Gazpacho”. Por qué mi madre piensa que no soy capaz de diferenciar una jarra con un líquido naranja de una con agua puede dar para otra historia y también para bastante terapia. La última nota que tenía ese día era la mi padre. Estaba encima de mi plato con la mesa puesta solo para mí: “Que la vida te trate así siempre. Tu padre”.
Esta semana ordenando libros después de pintar la casa he encontrado una nota suya que no recordaba: “¡Que os den! Vuestro padre. Viva SF”.
La leí por primera vez una mañana de San Fermín (más bien, a mediodía) hace más de 17 años cuando mi hermana y yo nos levantamos algún día de julio con Pamplona en fiestas y nosotras con resaca. Ellos, aburridos, se habían marchado a tomar algo hartos de esperarnos.
La nota estaba guardada dentro de un libro raro (Other people’s rejection letters) que es una recopilación de cartas de rechazo que incluye todo tipo de adioses, despechos, rechazos y negativas. Hay cartas a editores, a universidades, a parejas, a escuelas de baile y de natación, cartas a correos, a amantes o a amigos.








Mi cerebro funciona de una manera tan ambigua a veces que ahora creo que todavía puedo encontrar la nota perdida en un libro de recetas o de vajillas inglesas. Nunca se sabe. He recuperado la esperanza. Solo tengo que encontrar el libro, la relación absurda, el camino oblicuo, y al final estará la nota.
Amaya Ascunce
BLOQUE de “DAME DINERO QUE QUIERO VIVIR (antes de que la economía implosione)”:
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Y a los que me leéis de manera gratuita, necesito dejar de buscar el mar.
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La idea de ti.
Rita Bonita, Gato Gordo y el fin del mundo.
Cómo no ser una drama mamá.
En la cocina con la drama mamá.



Querida, la encontrarás. Me ocurrió lo mismo. Igual igual. Devanándome los sesos, ¿en qué libro la metería? Uno con significado especial, uno de él, uno que me gustara muuuucho... Era increíble haberlo olvidado. Era irresponsable. Mudanzas. Revisión de libros hoja por hoja.
Pasaron años. Y años. Y un día hablando de un libro con una compañera de trabajo, le comento que creo que lo tengo por casa y que se lo prestaré. Y allí estaba. Su letra. Y todo lo perdido o ganado. Te mando abrazo.
No sé si acostumbras prestar libros (yo me niego en rotundo), se me ocurre que sería el único motivo para haberla perdida. Si no es así seguro que la encuentras, la casa esconde pero no roba, dicen en Italia.
Chulísimo el libro de cartas de rechazo, todo un arte para los ingleses.
Feliz gomingo Amaya!