Los perdedores

  
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No se necesita valor para hacer una cosa cuando es lo único que puedes hacer. Las uvas de la ira, de John Steinbeck.

No quisiera decir que soy una perdedora pero siempre desaparece del mercado el sabor de patatas que quiero, la variante de crema que realmente era anti encrespamiento para mi pelo y el único helado que me gusta del chino de abajo de casa porque nadie lo compra. Siempre que testan productos: tres sabores de yogures nuevos, tres perfumes, tres velas, tres geles de baño, el mío no triunfa. Es verdad que ojalá todos mis fracasos fueran así. También los he tenido grandes. Importantes. Dolorosos. Pero esta especie de minoría en la que suelo estar me tiene frita. Ahora busco por las farmacias unos caramelos de regaliz negro y casi nunca los tienen, al contrario de los de miel y melisa que reponen sin parar. “Es que a nadie le gustan esos, por eso no traemos”. Las pasiones me duran poco y siempre ando buscando productos que ya me funcionaban o me hacían feliz. No me gusta comprar. Y mucho menos, para reponer algo que ya tenía.

Creo que nunca ha ganado el partido político al que he votado cuando yo lo he votado. La mayoría no castiga lo que yo, ni quiere lo que exijo a un político, al menos no a la vez que yo. Es como si fuera a un ritmo distinto. No me gusta el futbol y las escasas veces que he visto un partido siento lástima por los que pierden. No por los jugadores, si no por ese público entregado del que no entiendo nada pero percibo que su semana va a ser peor solo por eso.

No me gusta competir. Probablemente porque no me gusta perder, o porque ponerse en esa posición es ya un estado vulnerable. Creo que la única excepción ha sido el mus y el póquer de dados en la universidad y es que no nos jugábamos nada. Bueno, el tiempo, que lo andábamos tirando por ahí sin darle importancia. Qué maravilla, qué libertad, qué inconsciencia.

Me imagino que por todo eso me gustan las historias de los que pierden. Las prefiero a los poderosos, los que superan sus mierdas, los motivados. No es mi estilo. Quizás por eso me gusta tanto ‘Las uvas de la ira’ de Steinbeck y creo que todo el mundo debería leerlo una vez en la vida. Trata sobre la miseria, la emigración, la familia, los usureros  y la ira.

En las carreteras la gente se movía como hormigas en busca de trabajo, de comida. Y la ira comenzó a fermentar.

Las compañías poderosas no sabían que la línea entre el hambre y la ira es muy delgada.

Casi todos los perdedores de Steinbeck tienen un hueco en mi corazón y mis estanterías: Los arrabales de Cannery, Tortilla Flat, La Perla... Y ahora, creo que es más necesaria que nunca una educación sentimental en la empatía y en la solidaridad.

El mundo es injusto. Y lo de ‘si quieres, puedes’, una tontería. O eso de que uno es responsable de donde llega. Solo alguien privilegiado puede pensar eso. Leí un estudio que explicaba que los ricos piensan que el éxito que alcanzan es gracias a su esfuerzo. En cambio, los pobres que triunfan creen que han tenido suerte.

Incluso existe un modelo matemático que demuestra que si repartes bonus de manera aleatoria al 25% de una plantilla de comerciales, más gente con talento recibirá ese extra que si solo lo haces a través de la supuesta meritocracia. El talento no está en proporción con la riqueza. Bill Gates debería ser mil millones de veces más listo y talentoso que una persona normal si su fortuna respondiera a su talento. Aunque parezca increíble, no hay tantos millones de distancia entre su capacidad intelectual y la mía como sí la hay entre nuestras cuentas bancarias.

Hace unos días recuperé para la entrevista que me hizo @loenlasnubes otro libro de mi estantería: Other people’s rejection Letters de Bill Saphiro que reúne cartas rechazo de amor, de universidades, de trabajo… Como estas dos.

Pero lo mejor no fueron las cartas, si no que al abrir encontré un tesoro: un post-it de mi padre que tiene muchos años y que yo no recordaba.

“¡Qué os den! Vuestro padre. Viva S.F.”

Supongo que mi hermana y yo dormíamos la borrachera y hartos de esperar se fueron ellos solos al vermut. Me imagino que sería su último San Fermín. También fue el mío.

Eso sí que fue perder.  

P.D.1 Libro recomendado: Las uvas de la ira. Si eres un motivado, aún más. Os leo el principio porque pocos primeros capítulos como este existen.

P.D.2 Perfume: esta lavanda de Zara Emotions me chifla. “El peor perfume de la colección, huele a naturaleza y polígono industrial, es tan raro que es desagradable”.  Estas son algunas de sus críticas en Fragrantica.

Para mí huele a lavanda, algo dulce y mohosa, con un toque de leche. Huele como los armarios de mi abuela, y claro, imagino que hay gente que odia eso pero en mi caso, me hace feliz. Es limpia y oscura y eso no es sencillo. Y está muy bien de precio. Es la clara perdedora de la colección que Jo Malone sacó en Zara. Igual por eso.

P.D. 3 ¡Viva!